El Derecho a Ser Humano

“Nos comprometemos a educar a las personas al mutuo respeto y estima recíproca, para que se pueda llegar a una coexistencia pacífica y solidaria entre los miembros de etnias, cultos y religiones diferentes.”

Decálogo de Asís por la paz

 

La educación en derechos humanos debe ser un instrumento que nos enseñe a todas y todos a ser más humanos, a enfocar nuestro actuar a la ética y el buen carácter y a exhibir virtudes como la solidaridad, la justicia, el respeto y la tolerancia. Si consideramos a las personas perfectibles, no perfectas, entenderemos que necesitan ser educadas en la moral, pues conocer límites permite aprender qué hacer. Pero para ello se requiere una formación encaminada al desarrollo integrado del Intelecto, el Corazón y la Voluntad: Saber, Sentir, Actuar.

Precisamente por eso, es que la educación en derechos humanos es un proceso largo y empeñoso que debe pensarse desde, por, con, por y para las personas.

Pero, para lograrlo, es imprescindible considerar que hablar de personas implica hablar de seres complejos. Y tratar de incidir en la búsqueda de la perfección de esas personas inevitablemente obliga a atender los múltiples aspectos que las forman: Aristóteles admite la existencia de tres componentes para que se pueda dar adecuadamente el desarrollo moral del individuo, y son los mismos que ocupan el centro de la educación en derechos humanos; estos son: lo intelectual (conocimiento), lo volitivo (voluntad), lo conductual (actuación).  

Ciertamente, la educación en derechos humanos contempla a la persona como un ser lleno de posibilidades, pero está consciente también de que en la búsqueda de la perfección, las personas pueden equivocarse y elegir mal. Se entiende que no nacemos sabiendo cómo actuar y tampoco con una plena conciencia de uno mismo. De ahí que las personas necesitamos ser educadas para la ciudadanía: conocer los límites permite aprender qué hacer y qué dejar de hacer.

Por eso, un proyecto de educación en derechos humanos que pretenda resultados efectivos y permanentes, tendrá que considerar a este ser atómico; de la misma manera en que abordar los Derechos Humanos implica pensar en una realidad con tres dimensiones: la Jurisprudencia, la Política y la Ética. Tanto en uno como en otro caso, intentar trabajar desde una sola perspectiva sería, por lo menos, un error grave, pues aunque en algún momento habrá que poner mayor atención a un aspecto o a otro, no se pueden perder de vista los demás.

 

En ese mismo sentido, la Oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos asegura que las actividades de aprendizaje, enseñanza, formación e información orientadas a crear una cultura universal de los derechos humanos, implican:

a) Aprendizaje de conocimientos y técnicas sobre los derechos humanos y los mecanismos para su protección -lo intelectual-.

b) Desarrollo de valores, actitudes y comportamientos que apoyen los derechos humanos -lo volitivo-.

c) Adquirir y consolidar la capacidad de aplicarlos de modo práctico en la vida cotidiana, mediante acciones de defensa y promoción de los derechos humanos -lo conductual-. (OACNUDH, 2006)

En la educación en, sobre y para los derechos humanos, ni el proceso ni los fines son nunca neutrales. Siempre pretende lograr un cambio profundo en la persona, en sus conocimientos, actitudes y habilidades; y en la sociedad.

En pocas palabras, lo que debemos buscar son personas que estén dispuestas a trabajar por construir un mundo más justo, más fraterno y más solidario, para todas y todos.

 

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